Planificar para asegurar energía confiable y competitiva
“La transición energética debe avanzar con responsabilidad técnica, visión sistémica y sin comprometer la continuidad del servicio”.
Roberto Herrera
En el sector energético, donde las decisiones no se miden en trimestres sino en décadas, Roberto Herrera plantea una idea central: liderar es sostener el equilibrio entre visión de largo plazo, rigor técnico y responsabilidad país. Con más de dos décadas vinculado a operaciones, gobernanza y estrategia en República Dominicana, su lectura del sistema parte de un principio no negociable: preservar la estabilidad y continuidad del servicio eléctrico como condición habilitante para la competitividad, la inversión y la vida diaria.
A lo largo de su trayectoria, destaca procesos que han contribuido a modernizar capacidades clave del sistema. Entre ellos, la digitalización y automatización de distribución en CEPM (medición inteligente, control operativo y transparencia hacia el cliente) como base para reducir pérdidas, elevar calidad y preparar redes para integrar renovables, almacenamiento y nuevas tecnologías. También subraya el fortalecimiento del gas natural en la matriz, incluyendo infraestructura y contratos de largo plazo, como palanca para mejorar eficiencia y reducir emisiones frente a combustibles líquidos, citando ahorros estimados en más de mil millones de dólares desde 2020 asociados a conversiones y suministro.
Con esa experiencia, Herrera insiste en que la transición energética exige secuenciar: acelerar renovables, sí, pero al mismo ritmo que transmisión, flexibilidad, almacenamiento y una operación cada vez más sofisticada. Esa tensión, entre ambición climática, costo y confiabilidad, es, para él, el núcleo de la conversación estratégica que el país debe sostener con transparencia.
Desde su trayectoria como líder y asesor del sector energético, ¿cuáles son los principios de liderazgo y criterios que utiliza para decidir si un proyecto crea valor país y valor sistémico? ¿Qué elemento considera no negociable, aun bajo presión política o de mercado?
Creo que en energía uno tiene la obligación de mirar mucho más allá del retorno financiero de corto plazo. La infraestructura energética se desarrolla para operar y servir al país durante décadas, por lo que las decisiones deben tomarse con visión de largo plazo y no únicamente respondiendo a coyunturas del momento.
Un proyecto energético verdaderamente valioso para un país es aquel que fortalece simultáneamente la seguridad energética, la confiabilidad y calidad del servicio, la competitividad económica, la resiliencia del sistema y la sostenibilidad ambiental y social.
En mercados pequeños e insulares como República Dominicana hay que entender que la energía no es simplemente un negocio. Es infraestructura crítica para el funcionamiento y desarrollo del país. Una mala decisión energética termina impactando competitividad, turismo, industria, empleo, inversión y hasta estabilidad social.
Por eso siempre he insistido tanto en la importancia de la planificación de largo plazo. Los sistemas eléctricos no pueden manejarse reaccionando únicamente a las urgencias del momento o a presiones coyunturales. La transición energética tiene que avanzar con responsabilidad técnica, visión sistémica y entendiendo cómo cada decisión impacta la confiabilidad futura del sistema, la competitividad del país y también la reducción progresiva de emisiones.
Eso implica no solamente acelerar la integración de energías renovables sino también incorporar tecnologías térmicas más modernas y eficientes. En el caso de República Dominicana el crecimiento del uso del gas natural ha contribuido significativamente a modernizar la matriz, mejorar eficiencia y reducir emisiones en comparación con tecnologías y combustibles más tradicionales.
Hay un elemento que para mí es absolutamente no negociable y es el preservar la estabilidad y continuidad del servicio eléctrico. Ningún objetivo político, comercial o reputacional puede justificar poner en riesgo la solidez operativa del sistema. Cuando un sistema pierde confiabilidad, las consecuencias terminan sintiéndose en toda la economía y en la vida diaria de la población, afectando la competitividad del país y la confianza de los inversionistas.
En su recorrido profesional en RD, ¿qué decisión estratégica marcaría como un antes y un después en resultados para el sistema o para una organización que haya liderado o acompañado? ¿Qué aprendizaje de liderazgo dejó esa experiencia?
He tenido la oportunidad de liderar, junto a personas muy talentosas y comprometidas y con el respaldo de accionistas y consejos de directores que creyeron en una visión de largo plazo, varios procesos que terminaron siendo importantes para la evolución del sistema energético dominicano.
Uno de los procesos más importantes fue la modernización y digitalización del sistema de distribución de CEPM. La empresa apostó tempranamente por medición inteligente, automatización operativa y digitalización de red en un momento en que muchos todavía veían esas tecnologías como algo lejano para República Dominicana y el Caribe.
Esa visión permitió reducir pérdidas, detectar y prevenir fraudes, mejorar significativamente la calidad y confiabilidad del servicio, fortalecer la relación de confianza con los clientes y crear una red mucho más preparada para integrar energías renovables, almacenamiento y nuevas tecnologías.
También ayudó a empoderar más al cliente, dándole mayor información, transparencia y capacidad de gestión sobre su consumo energético. Con el tiempo, CEPM terminó desarrollando una infraestructura mucho más resiliente, flexible y preparada para los retos futuros del sistema eléctrico.
Esa visión de futuro también permitió impulsar iniciativas como CEPM Cero y EVERGO. En ambos casos, bajo el liderazgo visionario de Rolando González-Bunster, me tocó junto a grandes equipos ayudar a convertir esas ideas en realidades concretas, impulsando su ejecución, desarrollando alianzas y promoviendo su adopción en el mercado.
En el caso de EVERGO fue muy satisfactorio ver cómo importantes clientes e instituciones del país apostaron tempranamente por la movilidad eléctrica y ayudaron a acelerar el desarrollo de infraestructura de carga en República Dominicana y la región.
Otro proceso muy relevante fue el crecimiento de Energas alrededor del gas natural, contribuyendo a impulsar una matriz más moderna, eficiente, confiable y competitiva para el país.
La evolución de Energas fue mucho más allá de la conversión de una planta. Ese proceso ayudó a impulsar la creación de ENADOM, sociedad desarrollada entre AES y Energas para construir infraestructura estratégica de gas natural en República Dominicana, incluyendo el Gasoducto del Este y el segundo tanque de almacenamiento de GNL del país.
Todo esto permitió posteriormente la conversión a gas natural de las plantas generadoras Quisqueya I y Quisqueya II y ayudó a crear condiciones para la entrada de nuevas plantas de generación más eficientes y competitivas como Energas 4, SIBA y San Felipe, fortaleciendo al mismo tiempo la seguridad energética y la competitividad del país, reduciendo emisiones y aportando mayor estabilidad y previsibilidad de costos al sistema eléctrico dominicano gracias a contratos de suministro de gas natural de largo plazo procedente de Estados Unidos.
Las conversiones de Energas y de las plantas generadoras Quisqueya I y Quisqueya II al uso de gas natural también han representado ahorros muy importantes para República Dominicana durante los últimos años, estimados en más de mil millones de dólares desde 2020, además de una reducción significativa en emisiones frente al uso de combustibles líquidos más tradicionales.
Creo que una de las mayores satisfacciones de todos estos procesos ha sido ver cómo decisiones e inversiones tomadas hace muchos años terminaron generando beneficios reales para el país y creando condiciones para continuar modernizando el sistema eléctrico dominicano.
En todos estos casos hubo algo fundamental: visión de largo plazo, planificación, consistencia y equipos comprometidos capaces de ejecutar procesos complejos durante muchos años. En energía los cambios estructurales no ocurren de la noche a la mañana; requieren perseverancia y la capacidad de tomar decisiones pensando en el sistema que el país necesitará dentro de diez o veinte años.
Quizás uno de los principales aprendizajes de liderazgo fue entender que impulsar cambios reales muchas veces implica tomar decisiones que inicialmente generan resistencia pero que con el tiempo terminan demostrando su valor para el país y para las futuras generaciones.
En un contexto de expectativas crecientes, ¿cómo recomienda gobernar el equilibrio entre confiabilidad, costo y descarbonización en el corto y mediano plazo? Comparta un ejemplo concreto de un trade-off inevitable y cómo lo comunicaría a los distintos actores.
Hoy el reto no es simplemente incorporar más renovables. El reto es cómo seguir modernizando y descarbonizando el sistema eléctrico sin perder confiabilidad, estabilidad ni competitividad.
En sistemas eléctricos pequeños e insulares como el de República Dominicana eso requiere muchísima planificación y responsabilidad técnica. La generación renovable seguirá creciendo y eso es positivo pero al mismo tiempo hay que seguir desarrollando transmisión, almacenamiento, flexibilidad operativa y capacidad de respaldo para poder integrar esa energía de manera segura y eficiente.
Muchas veces la discusión se plantea como si fuera una competencia entre renovables y generación térmica y yo creo que ese enfoque es un error. La realidad es que durante muchos años vamos a necesitar distintas tecnologías trabajando de manera complementaria para poder garantizar estabilidad, seguridad energética y costos competitivos.
Un ejemplo claro de ese balance es el curtailment (limitación forzada de generación renovable) que hemos estado viendo en el sistema eléctrico dominicano. La entrada acelerada de renovables sin que la transmisión, el almacenamiento y la flexibilidad operativa estuvieran preparados y avanzaran al mismo ritmo ha venido generando retos reales para la estabilidad y confiabilidad del sistema debido a la naturaleza intermitente de muchas de estas tecnologías.
Ese es precisamente el tipo de trade-off que el sector tiene que manejar la velocidad de incorporación de renovables versus la capacidad real del sistema para integrarlas sin afectar confiabilidad, estabilidad y costos.
Es una situación sobre la cual algunos veníamos advirtiendo desde hace años precisamente porque entendíamos que la integración acelerada de renovables debía venir acompañada de inversiones y planificación que permitieran al sistema absorberlas de manera segura y eficiente.
Esa es una de las razones por las cuales ahora se están impulsando soluciones como el requerimiento de almacenamiento para nuevos proyectos y mecanismos que incentiven incorporar almacenamiento en proyectos renovables ya existentes.
Creo que la manera correcta de comunicar esto es con transparencia y responsabilidad técnica. Hay que explicar que el objetivo sigue siendo avanzar hacia una matriz cada vez más limpia pero entendiendo que una transición desordenada puede terminar afectando la calidad del servicio, la competitividad del país y la confianza en el propio proceso de modernización del sistema eléctrico.
Ahí el gas natural sigue jugando un rol muy importante. Además de haber ayudado a reducir emisiones frente a combustibles más tradicionales ha permitido darle mayor estabilidad, flexibilidad y previsibilidad de costos al sistema eléctrico dominicano gracias a contratos de suministro de largo plazo procedente de Estados Unidos.
Yo siempre he creído que la transición energética tiene que manejarse con pragmatismo y visión de largo plazo. Al final el objetivo no es solamente tener una matriz más limpia sino asegurar energía confiable, asequible y capaz de sostener el crecimiento económico y el desarrollo del país.
Si hoy tuviera que señalar los tres cuellos de botella que más frenan la transición energética en RD, ¿cuáles priorizaría y por qué? ¿Qué actor debe liderar la solución en cada caso?
Si tuviera que priorizar tres cuellos de botella hoy en República Dominicana probablemente comenzaría por la necesidad de que la evolución integral del sistema eléctrico avance al mismo ritmo que el crecimiento de la generación renovable.
La generación renovable ha venido creciendo muy rápidamente y eso es positivo para el país, pero al mismo tiempo se requiere continuar fortaleciendo transmisión, almacenamiento, flexibilidad operativa y capacidad de integración para que esa expansión pueda darse de manera ordenada, confiable y eficiente.
Ahí el liderazgo tiene que venir principalmente del Estado especialmente en planificación de largo plazo y coordinación entre los distintos actores del sistema creando además señales regulatorias claras que permitan al sector privado seguir invirtiendo con previsibilidad.
Un segundo reto importante es continuar fortaleciendo y modernizando el marco regulatorio y los procesos de aprobación. En un sector tan intensivo en capital y de tan largo plazo la estabilidad regulatoria y la agilidad en la toma de decisiones son fundamentales para atraer inversión responsable y acelerar proyectos estratégicos.
En este caso creo que el liderazgo debe ser compartido. El sector público tiene la responsabilidad de crear reglas claras y procesos eficientes mientras el sector privado debe seguir aportando inversión, innovación, tecnología y capacidad de ejecución.
El tercer gran reto sigue siendo la sostenibilidad económica del sistema eléctrico especialmente en distribución. Reducir pérdidas, continuar modernizando las redes de distribución y mejorar la eficiencia operativa seguirá siendo fundamental para fortalecer la calidad del servicio y liberar recursos que permitan continuar invirtiendo en resiliencia y modernización del sistema.
Al mismo tiempo es importante continuar avanzando hacia un esquema tarifario que refleje de manera más transparente los costos reales del servicio manteniendo subsidios focalizados en los sectores más vulnerables y en quienes verdaderamente los necesitan, tal como contemplan tanto la legislación del sector eléctrico como los propios objetivos del Pacto Eléctrico.
Además durante los próximos años el sistema eléctrico dominicano seguirá evolucionando con la entrada de nuevas plantas de ciclo combinado a gas natural que aportarán mayor eficiencia, flexibilidad y confiabilidad. Al mismo tiempo la creciente penetración de generación renovable exigirá una operación cada vez más sofisticada del sistema incluyendo almacenamiento, reservas operativas y mecanismos que permitan balancear adecuadamente la variabilidad de estas tecnologías para evitar interrupciones y preservar la estabilidad de la red.
Precisamente por eso creo tanto en la importancia de la planificación de largo plazo y en evitar visiones simplistas o ideológicas sobre la transición energética.
Ahí nuevamente creo mucho en la colaboración público-privada. República Dominicana ha demostrado en distintos momentos que cuando existe visión compartida y coordinación entre Estado, reguladores y sector privado el país es capaz de avanzar muy rápidamente en proyectos transformadores para el sistema energético nacional.
En una matriz que integra renovables y generación térmica, ¿qué rol asigna al gas natural como “combustible puente” en la región? ¿Bajo qué condiciones técnicas, regulatorias y de costo considera responsable reducir su participación?
El gas natural seguirá teniendo un rol muy importante en América Latina y especialmente en sistemas insulares como los del Caribe durante muchos años más.
La realidad es que hoy las energías renovables aunque seguirán creciendo aceleradamente y son fundamentales para la descarbonización todavía no garantizan por sí solas la firmeza, estabilidad y flexibilidad operativa que requiere un sistema eléctrico para operar de manera segura 24/7.
En sistemas como el dominicano, donde no existen grandes interconexiones regionales capaces de importar estabilidad desde otros mercados, la generación a gas natural sigue siendo fundamental para aportar capacidad firme, reservas operativas y flexibilidad que permitan balancear la variabilidad e intermitencia de las renovables.
Además el gas natural ha permitido reducir emisiones de manera muy importante frente a combustibles líquidos más tradicionales al tiempo que ha aportado competitividad y mayor previsibilidad de costos gracias a contratos de suministro de largo plazo.
Yo siempre he creído que la discusión correcta no es cómo eliminar tecnologías rápidamente sino cómo seguir reduciendo emisiones sin comprometer confiabilidad, estabilidad ni competitividad.
Para reducir responsablemente la participación del gas natural todavía hacen falta varias condiciones que hoy no existen plenamente: almacenamiento de larga duración a escala y a costos competitivos, redes más robustas, mayor flexibilidad operativa, tecnologías firmes de bajas emisiones y mercados eléctricos cada vez más sofisticados.
Mientras esas condiciones no estén realmente disponibles a gran escala y a costos competitivos, reducir capacidad firme demasiado rápido podría terminar aumentando costos y riesgos para la estabilidad y confiabilidad del sistema eléctrico.
Por eso creo que la transición energética debe manejarse con pragmatismo, planificación y responsabilidad técnica. El objetivo final sigue siendo avanzar hacia matrices cada vez más limpias sin perder de vista que un sistema eléctrico tiene que funcionar de manera confiable todos los días, a todas horas y bajo cualquier condición.
Para acelerar renovables variables, ¿qué tan decisivo es destrabar transmisión, interconexión, almacenamiento y flexibilidad operativa? Desde su rol de asesor, si tuviera que definir una hoja de ruta, ¿qué tres medidas recomendaría priorizar y qué resultados medibles esperaría ver?
Para acelerar renovables variables de manera sostenible, destrabar transmisión, almacenamiento y flexibilidad operativa es absolutamente fundamental.
Como ya comentaba anteriormente en sistemas eléctricos pequeños e insulares como el dominicano la expansión de las energías renovables tiene necesariamente que venir acompañada de transmisión, almacenamiento, flexibilidad operativa y capacidad firme que permitan mantener estabilidad, confiabilidad y calidad de servicio.
Si tuviera que priorizar una hoja de ruta comenzaría por acelerar inversiones y planificación de transmisión, almacenamiento y modernización de red para permitir que el sistema pueda integrar y manejar mayores niveles de generación renovable de manera segura, estable y eficiente, particularmente en períodos donde ya comenzamos a ver excesos de oferta energética durante ciertas horas del día.
En segundo lugar continuaría fortaleciendo las señales regulatorias y económicas para almacenamiento energético y flexibilidad operativa. Un tema en el que ya se están dando pasos importantes y que será fundamental para manejar sistemas con alta penetración renovable.
También es importante entender que a medida que aumenta la penetración renovable variable el análisis de costos del sistema se vuelve mucho más complejo. No basta con mirar únicamente el costo de generación de un proyecto renovable de manera aislada también hay que considerar los costos asociados a almacenamiento, respaldo, reservas operativas, flexibilidad y capacidad firme necesarias para mantener estabilidad y confiabilidad 24/7.
En sistemas insulares como el dominicano donde no existen grandes interconexiones regionales capaces de absorber esos desbalances esos costos operativos y de respaldo adquieren todavía mayor relevancia.
Y tercero seguiría fortaleciendo la operación del sistema mediante digitalización, automatización, mejores herramientas de pronóstico y mecanismos más modernos de despacho y coordinación operativa.
¿Qué resultados esperaría ver? Menor curtailment, mayor integración renovable sin comprometer estabilidad y confiabilidad, una operación más eficiente del sistema y una mejor calidad de servicio para los usuarios.
Al final la transición energética no se trata únicamente de instalar más generación renovable. Se trata de construir sistemas eléctricos capaces de operar de manera confiable, flexible y sostenible todos los días y bajo cualquier condición.
Desde una visión de Estado y de competitividad, ¿qué tres reglas del juego considera imprescindibles para atraer inversión responsable y elevar la calidad del servicio?
Desde una visión de Estado creo que hay tres elementos fundamentales para atraer inversión responsable y al mismo tiempo elevar la calidad y confiabilidad del servicio eléctrico.
El primero es estabilidad regulatoria y respeto a las reglas del juego. En energía las inversiones son intensivas en capital y se recuperan a muy largo plazo. Cuando existe previsibilidad regulatoria y respeto a los contratos el país genera confianza, atrae inversión de calidad y reduce su costo de capital. Cuando eso no ocurre termina afectándose todo el sistema y al final también los consumidores.
El segundo es planificación energética de largo plazo. Los sistemas eléctricos no pueden manejarse únicamente reaccionando a coyunturas o ciclos políticos. Las decisiones que se toman hoy en transmisión, generación, almacenamiento o distribución terminan impactando la competitividad, la confiabilidad y la sostenibilidad del sistema durante décadas.
Y el tercero es continuar fortaleciendo la sostenibilidad económica y operativa del sector. Eso implica seguir reduciendo pérdidas, modernizando redes, fortaleciendo distribución y avanzando hacia señales económicas y tarifarias cada vez más transparentes y sostenibles siempre protegiendo a los sectores más vulnerables mediante subsidios focalizados.
Creo que cada uno de esos elementos ayuda a mitigar riesgos distintos como incertidumbre regulatoria, falta de planificación, presión fiscal y deterioro operativo del sistema.
Al final los países que logran combinar estabilidad regulatoria, planificación de largo plazo y sostenibilidad económica son los que terminan atrayendo mejor inversión, desarrollando infraestructura más robusta y ofreciendo un servicio eléctrico más confiable y competitivo.
Mirando al horizonte, ¿cuál cree que es la oportunidad energética más subestimada de RD? ¿Qué tendría que ocurrir en los próximos 12–18 meses para convertirla en resultados concretos?
Creo que una de las oportunidades más subestimadas de República Dominicana es continuar consolidando un sistema eléctrico cada vez más moderno, flexible e innovador.
El país tiene condiciones muy particulares que le dan una enorme oportunidad como son crecimiento económico sostenido, capacidad de atraer inversión, una matriz eléctrica cada vez más diversificada (probablemente una de las más diversificadas de la región) y un tamaño de sistema que permite implementar nuevas tecnologías mucho más rápido que mercados más grandes y complejos.
Esa diversificación que hoy combina gas natural, renovables, hidroeléctricas y otras tecnologías de generación le da a República Dominicana una ventaja importante en términos de resiliencia, seguridad energética y capacidad de adaptación hacia el futuro.
República Dominicana ya ha venido dando pasos importantes en generación renovable, digitalización de redes, almacenamiento energético y movilidad eléctrica. Y creo que hacia adelante el país también tiene la oportunidad de prepararse desde temprano para tecnologías que podrían jugar un rol importante en el futuro como los reactores modulares pequeños o SMRs especialmente por su potencial para aportar energía firme libre de emisiones y mayor estabilidad operativa.
No estoy diciendo que eso vaya a ocurrir inmediatamente. Lo que sí creo es que el país debería comenzar desde ahora a desarrollar capacidades técnicas, regulatorias y de planificación que le permitan estar preparado cuando esas tecnologías alcancen mayor viabilidad comercial y regulatoria a nivel internacional.
También veo una gran oportunidad en continuar modernizando la red eléctrica y acelerar la integración entre almacenamiento energético, digitalización y movilidad eléctrica. Bien manejado, eso puede ayudar a que República Dominicana tenga un sistema eléctrico mucho más flexible, eficiente y preparado para los retos futuros.
¿Qué tendría que ocurrir en los próximos 12 a 18 meses? Principalmente mantener continuidad en planificación y ejecución, acelerar decisiones estratégicas en transmisión, almacenamiento y modernización de red, continuar fortaleciendo el marco regulatorio y seguir creando señales que permitan atraer inversión responsable de largo plazo.
Creo que República Dominicana tiene la oportunidad de posicionarse como un referente regional de cómo un sistema eléctrico puede modernizarse de manera pragmática, sostenible y técnicamente responsable sin perder competitividad ni confiabilidad.
Factores clave
- Planificación de largo plazo como disciplina para evitar decisiones reactivas.
- Confiabilidad como no negociable, por su impacto económico y social.
- Transición pragmática, integrando tecnologías de forma complementaria.
- Reglas claras y sostenibilidad operativa para habilitar inversión y calidad.
En la visión de Roberto Herrera, el liderazgo energético se mide por la capacidad de sostener decisiones consistentes durante años, con foco en confiabilidad, competitividad y reducción progresiva de emisiones. La transición exige secuencia: renovables acompañadas por transmisión, almacenamiento y una operación más sofisticada, para reducir curtailment y elevar calidad del servicio. Con reglas estables y planificación de largo plazo, el país puede atraer inversión responsable y acelerar modernización de redes, digitalización y flexibilidad, sin comprometer la continuidad del sistema.