Fortalecer la seguridad energética con gobernanza
“La energía es un habilitador del crecimiento económico, del bienestar social y de un futuro más moderno y resiliente para el país”.
Mónika Infante
Con una trayectoria consolidada liderando infraestructura crítica en entornos altamente regulados, Mónika Infante asume la Gerencia General de Manzanillo Gas & Power con una convicción clara: la energía no es solo una operación técnica, sino un habilitador directo de competitividad, estabilidad institucional y desarrollo sostenible. Su paso por la industria aeroportuaria dejó una huella de gestión orientada a la ejecución rigurosa, la coordinación con múltiples actores y la toma de decisiones basada en datos, bajo estándares de gobernanza y transparencia.
En su experiencia previa, encabezó operaciones complejas con equipos de gran escala, manejó negociaciones de largo plazo y participó en procesos de financiamiento estructurado relevantes para el sector de concesiones e infraestructura. Esa combinación de visión estratégica, disciplina de ejecución y criterio institucional se traslada ahora a un proyecto que está bajo alto escrutinio público y con expectativas crecientes sobre resultados tangibles.
En esta nueva etapa, su enfoque prioriza construir confianza: con autoridades, con comunidades y con el ecosistema del sector. Para Infante, la viabilidad de un proyecto energético moderno se sostiene en garantizar estándares de seguridad, responsabilidad ambiental y social, y mantener una coherencia de las decisiones a lo largo del tiempo. Con esa premisa, abre una conversación sobre qué se necesita para ejecutar infraestructura energética estratégica con legitimidad, eficiencia y una mirada de largo plazo.
Su llegada a Manzanillo Gas & Power marca una transición desde el liderazgo aeroportuario hacia el sector energético. ¿Cómo está viviendo este nuevo reto y qué le exige asumir una responsabilidad estratégica en un momento clave para la seguridad energética del país?
Este nuevo rol lo asumo como un desafío de continuidad en términos de impacto país. A lo largo de mi trayectoria he trabajado en infraestructura crítica, donde las decisiones tienen efectos directos en la competitividad, la estabilidad y la confianza institucional. Manzanillo Gas & Power representa precisamente eso, una infraestructura estratégica llamada a fortalecer la seguridad energética de la República Dominicana en un momento decisivo para su desarrollo.
La responsabilidad es alta porque no se trata solo de construir y operar una planta, sino de hacerlo con visión de largo plazo, bajo estándares sólidos de gobernanza, sostenibilidad y transparencia. En MG&P entendemos la energía como un habilitador del crecimiento económico, del bienestar social y de la inserción del país en un futuro más moderno y resiliente.
Después de liderar por años una operación de infraestructura crítica en un sector altamente regulado, ¿qué aprendizajes de su experiencia en aeropuertos considera más valiosos para leer el entorno energético, anticipar riesgos y tomar decisiones en un proyecto de esta escala?
La principal lección es la importancia de la anticipación estratégica y del respeto institucional. En sectores altamente regulados, como el aeroportuario o el energético, la planificación rigurosa, la gestión de riesgos y la coordinación con múltiples actores son determinantes para la sostenibilidad de cualquier proyecto.
Esa experiencia refuerza una forma de liderazgo basada en datos, procesos claros y toma de decisiones responsable. En Manzanillo Gas & Power ese enfoque es esencial para navegar un entorno complejo, cumplir con los marcos regulatorios, proteger la seguridad operacional y generar confianza tanto en las autoridades como en la sociedad.
En esta primera etapa de gestión, ¿cuáles han sido las decisiones o prioridades más relevantes para entender el proyecto, alinear equipos y convertir esa lectura inicial en una agenda de ejecución clara?
La prioridad inicial ha sido lograr una comprensión integral del proyecto y de su entorno. Esto incluye su alcance técnico, su impacto en el sistema eléctrico nacional y su relación con el territorio donde se desarrolla. A partir de ahí, el foco ha estado en alinear equipos alrededor de una visión común y de criterios claros de ejecución.
También ha sido clave fortalecer los mecanismos de coordinación interna, asegurar una toma de decisiones ordenada y construir una agenda de trabajo que combine eficiencia operativa con responsabilidad social, ambiental y regulatoria. Esa base es la que permite avanzar con claridad y coherencia.
¿Cómo define prioridades entre cronograma, inversión, cumplimiento regulatorio, seguridad operacional, gobernanza y relacionamiento con comunidades y actores institucionales? En esa priorización, ¿qué criterios la ayudan a decidir qué acelerar, qué ajustar y qué no comprometer?
En un proyecto como Manzanillo Gas & Power, estas variables no compiten entre sí, sino que se complementan. Un cronograma solo es válido si se sostiene en el cumplimiento regulatorio, la seguridad operacional y una gobernanza sólida. De igual forma, el relacionamiento con comunidades e instituciones es una condición para la viabilidad del proyecto, no un elemento accesorio.
El criterio rector es no comprometer nunca los estándares de seguridad, transparencia ni responsabilidad ambiental y social. Se pueden optimizar tiempos y procesos, pero siempre dentro de un marco que garantice sostenibilidad a largo plazo y legitimidad pública.

Todo proyecto de infraestructura crítica enfrenta tensiones entre ambición, riesgo y ejecución. ¿Qué desafíos identifica como más sensibles para Manzanillo Gas & Power en esta etapa, qué está en juego y qué aprendizajes de liderazgo aplica para gestionarlos?
Uno de los principales desafíos es ejecutar un proyecto estratégico en un contexto donde el sector energético enfrenta altos niveles de escrutinio y expectativas crecientes. En juego está no solo el éxito del proyecto, sino la confianza en la capacidad del país para desarrollar infraestructura compleja con estándares modernos.
Gestionar ese desafío requiere un liderazgo que combine rigor técnico, comunicación clara y capacidad de escucha. Implica actuar con coherencia, respaldar cada decisión con información y mantener una relación transparente con todos los actores involucrados. Esa consistencia es clave para sostener la ambición del proyecto de forma responsable.
Desde su perspectiva, ¿qué indicadores permitirán medir el aporte real de Manzanillo Gas & Power a la seguridad energética, la confiabilidad del sistema, la competitividad y el desarrollo territorial del Noroeste?
El aporte de Manzanillo Gas & Power debe evaluarse en varias dimensiones. En el sistema eléctrico nacional, a través de una mayor capacidad de generación confiable, diversificación de la matriz y reducción de vulnerabilidades. En la economía, mediante mayor estabilidad energética para hogares y empresas.
En el plano territorial, los indicadores incluyen empleo local, formación técnica, integración de proveedores de la zona y dinamización económica del Noroeste. El impacto real se mide cuando la infraestructura energética se convierte en un motor de desarrollo sostenible y de oportunidades para las comunidades donde opera.
¿Qué papel deben jugar la cultura de seguridad, el talento local, la tecnología, los datos y la gobernanza corporativa para ejecutar y operar infraestructura energética moderna con estándares internacionales?
Estos elementos son pilares fundamentales. Una cultura de seguridad protege a las personas y la operación. El talento local asegura continuidad y arraigo del proyecto. La tecnología y los datos permiten eficiencia, control y mejora permanente. La gobernanza corporativa ordena la toma de decisiones y garantiza transparencia.
Operar con estándares internacionales significa construir instituciones sólidas, confiables y abiertas al escrutinio. Esa es la base para generar valor a largo plazo y elevar el estándar del sector energético.
Mirando a 3–5 años, ¿qué legado le gustaría construir desde Manzanillo Gas & Power en términos de confiabilidad del sistema, capacidad del país para ejecutar proyectos complejos y desarrollo sostenible del territorio?
El legado que buscamos es demostrar que la República Dominicana puede desarrollar y operar infraestructura energética estratégica con eficiencia, sostenibilidad y buena gobernanza. Al mismo tiempo, dejar un impacto positivo y duradero en el territorio, con comunidades más integradas al desarrollo y mejores oportunidades para su gente.
Si en los próximos años Manzanillo Gas & Power es visto como un proyecto que fortaleció la seguridad energética, elevó el estándar institucional del sector y contribuyó al desarrollo equilibrado del país, ese será un legado del que sentirse orgullosos.
Factores clave
- Priorizar seguridad operacional, cumplimiento y gobernanza como condiciones de avance.
- Sostener decisiones coherentes y basadas en datos en entornos regulados y bajo escrutinio.
- Fortalecer coordinación con actores institucionales y comunidades como base de viabilidad.
- Convertir infraestructura energética en motor de competitividad y oportunidades locales.
En su gestión, la prioridad es sostener la ejecución con estándares de seguridad, transparencia y responsabilidad socioambiental, mientras se construye confianza institucional y licencia social para operar; los indicadores de impacto deben reflejar confiabilidad del sistema y desarrollo territorial.